Para el correcto funcionamiento de un centro escolar asegurar la limpieza de sus aulas supone un factor que no admite vuelta de hoja, toda vez que se trata de un elemento que afecta directamente a la protección de los menores en lo que a su salud y bienestar se refiere.
Así, hablamos de la necesidad de contar con unos protocolos de actuación diaria bien definidos, que abarquen desde la frecuencia de la desinfección hasta la trazabilidad de los registros asociados a estas labores.
En concreto, dichos protocolos deben centrar sus objetivos en tres líneas básicas: minimizar la carga microbiológica en las superficies de contacto, garantizar una renovación del aire eficaz y gestionar de modo seguro los residuos y fluidos biológicos.
Estas prioridades requieren combinar ciertas medidas de higiene con acciones organizativas. Y, por otro lado, también deben contemplar la gestión de brotes puntuales de infecciones u otros episodios que pudieran producirse durante el curso.
Rutina diaria de limpieza recomendada
La rutina de limpieza en las aulas puede estructurarse en tres momentos de la jornada escolar, cada uno con su propósito y metodología:
Antes de empezar las clases (preapertura)
En este momento se realiza una limpieza general, como el barrido o aspirado de suelos, la retirada del polvo visible y, en su caso, el aspirado de moquetas. Además, se debe proceder a la desinfección de superficies —mesas, pupitres, pomos…— y comprobar los suministros presentes (papel, toallitas).
Por último, es necesario verificar el correcto funcionamiento de los sistemas que afecten a la ventilación, ya sea natural o mecánica.
Entre clases (rutinas exprés)
En función de la intensidad de uso de las aulas y de si hay cambios de grupos de alumnos se deberá programar rondas breves entre clases, ajustando su periodicidad. Eso sí, planificándose para no interferir con la actividad pedagógica ni exponer a los alumnos a vapores o riesgos innecesarios.
En todo caso, hay que dar prioridad a la limpieza de las superficies de alto contacto, especialmente el material de uso común. Para esto, lo más recomendable es el empleo de paños de microfibra junto con desinfectantes de acción rápida.
Cierre de la jornada
Tras finalizar la actividad lectiva es el momento de realizar la limpieza en profundidad: fregado de suelos, limpieza de mobiliario, retirada y gestión de residuos… Asimismo, se deja constancia de la intervención en el registro diario de limpieza, asegurando la trazabilidad.
Desinfección de materiales y manejo de fluidos
La gestión de manchas por secreciones o de episodios de vómitos exige un procedimiento concreto. Este incluye la recogida con materiales desechables, la limpieza inicial para retirar restos visibles y la posterior desinfección con un producto virucida aprobado.
Por descontado, lo importante es que estas actuaciones se realicen con rapidez y con el uso de equipos de protección adecuados. También debe existir un protocolo para comunicarse con las familias de los alumnos cuando proceda.

Ventilación y calidad del aire
La ventilación complementa y refuerza la actuación sobre las superficies. Renovar el aire mediante ventilación natural cruzada, siempre que sea posible, reduce la concentración de aerosoles y disminuye el riesgo de transmisión de infecciones respiratorias.
En aulas dotadas de sistemas HVAC conviene planificar el mantenimiento y la limpieza de filtros antes del inicio del curso y prever revisiones periódicas durante el año lectivo.
Productos, tiempos de contacto y seguridad
La elección de productos debe responder a unos criterios tanto de eficacia como de seguridad. Esto implica evitar el uso de sustancias irritantes o que puedan provocar reacciones en niños con afecciones ambientales, como asma o alergias, así como minimizar la persistencia de olores.
Al mismo tiempo, se debe asegurar la compatibilidad con las superficies presentes en las clases. Así, se recomiendan biocidas homologados y detergentes que permitan respetar los tiempos de contacto indicados por el fabricante, garantía imprescindible para la eficacia frente a microbios.
En concreto, para las superficies en contacto con material manipulable por los menores, se hará especial hincapié en su aclarado o, alternativamente, en elegir fórmulas que no dejen residuos nocivos.
Por su parte, el personal de limpieza deberá contar siempre con los equipos de protección individual necesarios y con formación sobre las fichas de seguridad de cada producto.
Formación, registros y comunicación
La eficacia del protocolo que se establezca, independientemente de cómo se diseñe, depende en gran medida de la formación y coordinación del personal. En este sentido, conviene:
- Impartir formación periódica sobre técnicas de desinfección, uso correcto de productos y actuación ante episodios puntuales.
- Mantener un registro diario de intervenciones, que incluya fecha, hora, operario y producto empleado, facilitando así la trazabilidad.
- Comunicar de forma transparente a las familias las medidas de higiene adoptadas y los procedimientos ante casos fuera de lo habitual.
Estos elementos no solo facilitan la gestión interna sino que también son un requisito frecuente en inspecciones y auditorías sanitarias.
Asesoramiento experto
Para aquellos centros de enseñanza que buscan mantener una limpieza impecable a la vez que garantizar el cumplimiento normativo, la externalización con un proveedor especializado aporta experiencia, capacidad operativa y trazabilidad.
En Justlimp ofrecemos planes adaptados a las necesidades de cada cliente, con protocolos auditables que facilitan la gestión diaria y refuerzan la confianza de la comunidad educativa.
